jueves, 7 de octubre de 2010

El infinito

Se va la primavera,

quejas de pájaros, lágrimas

en los ojos de los peces.

Matsuo Bashô

Toma la huella, amada mía,

de mi infranqueable mundo,

síguela si lo deseas. Camina

hacia el ir extraño que comienzo,

si fuera ese tu deseo.

Yo recorro, mientras tanto, tu perfil

atento y conmovido, luz de ti en mí,

que te observo.

Casi un segundo y toda esa luz

ya permanece en mi eternidad

de amante náufrago. Casi un segundo

para que esta noche la soledad enfrente

el tiempo a tu imagen, que es deseo

sin espacio, belleza sola de los días

que ya no pasan.

Desde el comienzo estás en mí

y qué lejos de tenerte.

Eras manto en la noche fría,

ilusión para el despertar,

y qué lejos de tenerte

al hallarnos labio a labio.

Muere conmigo el recuerdo de ti,

y tú finalmente, al tocarte ya sin luz.

Mi mundo, solo y definitivo, no te pertenece

ahora que lo has franqueado. Es otro mundo

el que nace fuera de nosotros.

He de partir, amada mía, antes que el olvido.


Llegó la desolación, la mañana del tumulto

y la hora urgente que nos lleva

a donde no sabemos.

Luz, que alumbras las ruinas, no convoques

el terrible final, no permitas que arda la belleza,

no derribes senos y quimeras

y esperanzas.

No inaugures de la nada

otro infinito de verdades pasajeras.

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