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Mostrando entradas de septiembre, 2011

Éxtasis de silencio

El amor fue un gesto, señal cómplice que daba comienzo a un suspiro sin tiempo. Fue un instante, una caricia del viento, una mirada entreabierta arribando del cielo, igualada a su origen sin verbo. Fue todo lo soñado, la armonía abrazada llegando, llegando sin irse, al hogar encumbrado, al todo inmenso horizonte de huellas hermanas. Todo fue uno, uno y diverso en su cumbre labrada, en su explosión de silencio. Uno con todo amándose, viéndose sentir y siendo, en la visión sin sombras, en el torbellino de las flores hermosas, en la celebración del éxtasis, en el tú y yo desapareciendo, en el ir y venir de lo inmensamente quieto.
Subir tan alto es no llegar, no haber sido. Morir, olvidar, ser eterno.

El inmortal

Palabras, palabras desplazadas y mutiladas, palabras de otros, fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos. Jorge Luis Borges (“El inmortal”)
Yace un frío en la noche inmóvil que agita los tímpanos del silencio. Ahí este cuerpo se hace doble pasajero y continuo, muerto y vivo. Y ello hace preguntarme:
-¿A dónde va el viento que no vuelve?
Resuenan como pisadas de acero las preguntas
arrojadas al hombre
como ladrillos siniestros los finales que planean
clavarse en la herida ignorante
de este corazón que se atormenta
que llueve sin raíces que no despierta
que está solo como semillas
sin manos que las viertan
Sólo queda el día
el cinturón del olvido aprieta las entrañas
y el futuro es un espacio en blanco
sin origen
Antes que anochezca seremos inmortales
seremos el cuerpo que no cesa de sentir
su propia muerte sin muerte