Éxtasis de silencio


El amor fue un gesto, señal cómplice que daba comienzo
a un suspiro sin tiempo. Fue un instante, una caricia del viento,
una mirada entreabierta arribando del cielo, igualada
a su origen sin verbo. Fue todo lo soñado, la armonía abrazada
llegando, llegando sin irse, al hogar encumbrado, al todo inmenso
horizonte de huellas hermanas. Todo fue uno, uno y diverso
en su cumbre labrada, en su explosión de silencio. Uno con todo
amándose, viéndose sentir y siendo, en la visión sin sombras,
en el torbellino de las flores hermosas, en la celebración del éxtasis,
en el tú y yo desapareciendo, en el ir y venir de lo inmensamente quieto.

Subir tan alto es no llegar, no haber sido. Morir, olvidar, ser eterno.

El inmortal


Palabras, palabras desplazadas y mutiladas, palabras de otros,
 fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos.
Jorge Luis Borges (“El inmortal”)

Yace un frío en la noche inmóvil
que agita los tímpanos del silencio.
Ahí este cuerpo se hace doble
pasajero y continuo, muerto y vivo.
Y ello hace preguntarme:
-¿A dónde va el viento que no vuelve?
Resuenan como pisadas de acero las preguntas
arrojadas al hombre
como ladrillos siniestros los finales que planean
clavarse en la herida ignorante
de este corazón que se atormenta
que llueve sin raíces que no despierta
que está solo como semillas
sin manos que las viertan
Sólo queda el día
el cinturón del olvido aprieta las entrañas
y el futuro es un espacio en blanco
sin origen
Antes que anochezca seremos inmortales
seremos el cuerpo que no cesa de sentir
su propia muerte sin muerte

Amor hacia el amor

Amor callado, manto de silencio
en que escribir tu nombre. Todas las letras,
todas las palabras que forman mis canciones,
son una contigo, llamándote.
De oro y plata formo sílabas que alaban
el silencio en que recoges mi alma
cuando descanso y despierto
en tu estancia, que es el mundo, llena
de clamores y encuentros virginales.
En ti se anuda mi sueño y mi desvelo,
clavado como raíz al puro alimento de tu aliento,
al fruto, que como la tierra, remueve horizontes
de espacios y colores ancestrales.
Soy como la flor que deja su aroma al aire,
esperando que tú la recojas y me devuelvas la vida
al posar tus gotas de amor sobre mi rostro entusiasmado.
Soy el niño y el anciano, el viaje y su reposo,
la paz y el alegre baile del enamorado.
Soy el amor cantando al amor, el hijo
que sigue a su padre, el árbol hermanado
por siempre a su bosque primigenio.
Y tú, eres la dicha que hace consciente
este paisaje en que ha crecido mi vida
hasta al fin, tocarte.

Horizonte

Que mi noche sea la noche de tus días,
el clamor despierto de la mañana,
la fuente que mana bajo la espuma.
Como la marea que susurra
y en el cenit de cada instante
se espera y vuelve a partir silenciosa,
mi noche ha sido sosiego e impulso,
clima y vacío al tocar tus días
de sol y futuro, de partidas sin rumbo.
Ya es hora de dormir lentamente,
de escuchar lo que yace en lo más hondo:
fuego, aire, voz de pálpito y océano
nombrando la noche sin nombre.
Nada tiene infinito, salvo tus ojos
cuando miran un horizonte a lo lejos,
buscando conquistar la distancia
con un abrazo de lágrimas y esperanzas.


Ya me voy, ya me fui. Acaso esperando llevarte.

Viaje interior

Eclipsó un susurro el rumor habitual. Un aire leve de sílabas movió el cuerpo hacia el silencio y lo tomó con sus brazos quietos de paz instantánea, dejando atrás todo el temor, todo el ruido que habitual vierte sus lágrimas en el desasosiego. Llegó sin poder verse, tan sólo quedó sentido, hallado, el inocente espejo que paró el tiempo, que hizo muda la búsqueda.

"Ya no hay más búsquedas", dijo. "Ya no más noches glaciales, del estar sin ser con los huesos temblando." Mi voz quiso tocar su cuerpo, sus alturas, y dejó de habitar como verbo anhelante, para callar, sólo callar en lo llegado, en la brisa repleta del silencio unánime. Hubo miedo antes del sol, temor a la noche, temor al no más ser. Pero el frío ya no regresó. Era cálido el llamar de lo hondo.

Esperándote

Hay un camino en la tierra nuestra,
el camino que se aproxima al ocaso de las verdades,
ocupando el lugar de lo completo, invicto en la cima
del alma, sin otro ámbito que el más profundo sentir del vacío.
Llamamos tierra a la tierra y hombre al hombre,
palabras que se hacen idénticas a lo pensado
o pensamientos que son idénticos al hombre.
Mi voz se ocupa de la vuestra
y nuestras voces son una finalmente,
vacilando distintos ecos del mismo grito comenzado.
Queda estremecido el aliento del silencio.
El eco que regresa se olvida del grito.
La señal de la luz nos da certeza informe.
Todas las palabras son la misma palabra
y el sueño se agranda bajo el mismo escenario sin fondo.
¿Cómo atrapar el llanto en su caída, dar forma a la herida
que vuela temerosa por las sombras de su pánico?
No hay tiempo para el pánico, sólo para la supervivencia.
No hay tiempo para ti, que desapareces sin verme.
No hay tiempo para mí, que me marcho huyendo
en el silencio de la noche, sin descubrir si ha quedado
un resto de ti que me despierte.

Tormenta deseante

El paraíso eran tus labios, curvado continente
donde los astros palpitan descubiertos.
Contorno, calidez de una hondura delimitada
por el ciego caudal de la carne. Presencia desbordada
como un río dominado por la tormenta,
abrazado al aire, a la espuma, al fragor
del abandono del tiempo. Delirio, existencia...
Canto de la luz sobre las aguas del cielo.

Vida hacia su mar

La belleza de tu jardín brota del alma

que da vida al mundo. Tú eres el jardín,
la vida, la belleza, este mundo.
El siempre brotar. La siempre rosa.

El amor de tu corazón habita en mi espíritu,
aquel que da lugar a ti en gestos, miradas,
palabras que deslumbran…

Somos la herida sanada,
el deseo que vuela hacia su cumbre,
el sueño que humano se encamina
hacia un sereno despertar.

Seamos vida, vida solamente,
vida fluyendo hacia su mar.

Eterno romance


Respiro el amor que crece en tu silencio,
flor eterna de luz cuyo aroma me recorre.

Respiro este instante absorto de quietud dichosa.

De pronto aparezco entre universos silenciosos, desaparezco,
y todo nace del fulgor como astros milagrosos: confines de paz
que trascienden los ojos que la buscan, hallando frente a ellos
el encuentro invisible, sin forma y sin tiempo,
de lo unánime.

Mi alma es el aroma del ser que siempre fue. Ahora lo sé.
Siempre lo supe. Siempre fue eterno este romance.

Romance sagrado del ser fundiéndose consigo mismo
en medio de esta luz cálida e infinita
que suavemente alumbra la noche.

Amanecer


La voz interior cubre tu conciencia,
eres semilla de luz, espacio libre de vida,
eres el comienzo, la flor perpetua
del amor incondicional, el eco gozoso
que renace en la respiración del instante.

Abierto al suave existir, iluminado,
caminas con pasos entregados al silencio
de la contemplación resplandeciente.

Eres el enigma del sueño que se esparce,
la blanca esperanza de lo divino,
el corazón amante de lo único,
de lo inexplorado, de lo viviente.

Eres la estancia infinita
de tu íntimo y dorado
amanecer.

Mirada del amanecer

En tu boca el infinito,
una palabra no dicha, cantada
como espejo de una sombra sin voz.
Silencio. Ausencia. Presencia leve
anudada a tus horizontes, lugar total
de las noches vigías, del arco constante
de tus ojos de mar. Mar poseído
brotando en tus manos de cielo,
en tu ritmo de astro sonoro.
Te busco, te hallo en la primera estación,
quedando lejos del amparo: embarcados,
entregados, enamorados... Y danzamos
como el paisaje contemplado por el sol,
como dos hojas que han de volarse al soplar
lo sonoro del viento, el aire, la enamorada sílaba de Dios.
Te amo y te busco, como un gesto o como un latido,
como un sueño interminable que despierta en el desierto
y duda y teme y reclama su anhelo a lo alto y al llover.
Al fin el agua tocó nuestros labios y apagó la sed
y la noche clareó desde tus ojos en medio del espacio
recorriendo tu mirada hacia el día,
como la luz, como el amor, como la tierra:
por siempre siguiendo al sol.

Dentro del mar

Yo te miré despacio y con dulzura,
tú me devolviste la mirada
y con ella la vida.
Mi corazón parecía querer salir de mi pecho
para unirse con el tuyo
entre el calor de los silencios.
Imaginé tomar tu mano suavemente.
Entretanto las olas de la playa marcaban el ritmo
de nuestra interminable canción de enamorados.
Entramos juntos en el mar, de nuevo a la vida,
al movimiento de las almas, al fluir de las aguas
sobre los cuerpos inundados.
Yo buscaba tu mirada de nuevo, ese gesto tuyo que
-como estrella fugaz- hacía detenerse infinito el instante.
Y llegó, aconteció el soplo de encuentro iluminado.
Por unos segundos nos quedamos así para siempre,
en medio de la más completa eternidad.

De lo invisible del ahora

¿Qué signo destruye el signo oculto del aire,
qué signo de otro signo desvela la sombra de otra sombra?
¡Qué silencio tan dulce recorre tu alma cuando ya nada sabes
y en el no saber te descubres! Aire del ahora que desmaya al tiempo,
versos de espacios en blanco que desarman al espacio, noche sin ojos
que la luz esconde, ojos sin noche que a la luz renacen.

Certeza

Aquí y ahora, en la presente
inmensidad de mí mismo.
Sin centro ni meta cierta.
Solamente la certeza

de la luz.

Un instante

Caminando en el ahora
amaneces, en un esplendor
sin tiempo.

Un instante de amor
brilla en la totalidad
de los instantes.

Sopla el viento...
el corazón recoge
un suspiro eterno.

Crepúsculo

El corazón contempla
paisajes del alma,
nubes serenas, canciones
del viento.

Llega el crepúsculo...
cerrando la luz sus párpados,
acariciando la noche al sol,
en su cita amante con la luna.

Parpadean estrellas lejanas,
misterios de luz, astros de amor
que resuenan... allá en lo hondo
de nosotros.

Descanso

Descanso en la infinitud de mí mismo.
No hay nadie ahora, ni yo tan siquiera.
La noche vela en el crepitar de una llama.
Pronto ha de llegar el sueño.
No hay nadie en la infinitud de este instante.
Todo sucede. Todo parece abrirse a lo sin nombre.
Todo calla y es perfecto.
Todo descansa, sin saber más nada,
en la infinitud de nadie.

Tarde

hemos llegado tarde sin saber a dónde
las horas pasan tan deprisa
que escapamos y corremos
sin llegar nunca a ningún sitio

porque no sabemos a qué lugar
queremos llegar pero corremos
a menudo algo cansados

encontramos la felicidad
y de pronto notamos
que algo de nosotros se va con ella

sentimos que el tiempo no nos espera
que el barco zarpó sin nosotros
que nosotros no estamos allí
¿pero dónde?

vivimos olvidados de nosotros

estuvimos en el paraíso
y ahora es un reflejo inalcanzable
un sueño imposible
que languidece

caminamos ansiosos entre el tumulto
de otros que también llegan tarde
el destino se nos escapa continuamente
no hay tiempo para el silencio

después de aquella claridad crepuscular
que llamamos juventud todo se detiene
y nosotros andamos hacia un lugar incierto

dejamos de dejarnos vivir

después de la juventud
buscamos lo que creemos que nos pertenece
pero sin saber a dónde ir para encontrarlo
y se hace tarde y vivimos y es cada vez más tarde

y aprendemos a conformarnos
porque empezamos a estar cansados
y nos acostumbramos a esa búsqueda
prolongada de ilusorias pertenencias

porque es necesario correr
aunque no sepamos si hay o habrá alguna meta verdadera
algo se aleja pero nunca sabremos qué es
aunque vivamos siempre en esa habitual urgencia
de perseguir sombras y futuras quimeras
emprendiendo ese viaje misterioso de nosotros
que nos conduce sin saberlo
al mismo lugar del comienzo

El sol del bodhisattva

El viento nace profundo desde el silencio del horizonte, 
camina tu corazón los pasos de la vida y de la muerte 
en un mismo segundo, en una misma eternidad, 
en un solo latir fugaz e inconquistable. 

Tu corazón es ese viento que palpita 
y lo hace surgir todo 
desde la nada. 

Caminas lejos de las sombras, 
como un soldado que no teme al mañana 
ni al frío cautiverio de ser el dueño 
de lo efímero. 

Vives sin prisa en una guerra que no temes, 
porque la materia del temor no te reconoce 
y aplacas la ira de los injustos regalando 
tu silencio. 

Lo das todo a cambio de nada y por eso 
te has ganado a ti mismo. Eres el Buda 
de la entrega, del amor que no desespera 
recompensas. Tu entrega es tu regalo, 
y tu corazón un tesoro que todos buscan 
afuera. Tú vives dentro, y como la luz, 
te proyectas de inmediato en lo oscuro, 
otorgando claridad y destellos de pureza. 

Los otros miran el sol directamente, cegándose, 
irremediables. Tú no miras nada, sólo buscas 
tu alma en el viento, el viento en el viento, 
y siempre el sol aparece detrás tuyo, dirigiéndose 
a donde tu mirada le lleve, buscando su luz en ti.

Ausencia

Pensar que hemos vivido
bajo el naufragio de los días,
derrotados por los sueños,
atentos a la espera, atentos a la nada.

Pensar que sólo fuimos ausencia,
infinitamente,
ausencia de nosotros mismos.

Sentir que las horas
se ahogan en el suspiro
de lo inmediato,
y que algunos rostros
son visiones agrestes,
caminando lentamente
hacia el olvido.

Esa es nuestra única fortuna,
el afán que ahora desvelamos,
y nos desvela.

Es inútil anhelar lo lejano.

La memoria sentencia ilusiones,
pero perviven sus sombras.

Vamos a la noche

Vamos a la noche sin miedo a su silencio
despacio por los horizontes desnudos
en siniestra celda de amor y presagio
Vamos a la noche no llegando
sin ninguna ofrenda ni lágrima enviada
a los cielos lejanos
Vamos donde no viene nadie
al último rincón de una sombra
ausente del dolor y de la muerte
Vamos al espacio detenido
dejando susurros de perfume
por nuestro amoroso camino

Nadie cantará tu paso triunfal
tu esplendor, tu serena certidumbre
Nadie menos tú sabrá que el final
es otro gran comienzo

Vamos a la noche
sin miedo a su silencio

Eidos

Te proyectas en mí cada noche, ahora,
siendo sólo el reflejo de quien eres,
en un lugar donde yo no estoy,
donde yo no puedo estar.

Te veo pero sin poder tocarte,
te respiro pero sin poder ahogarme
vivamente en ti. Te toco y desapareces.

Así te busco, vano intento.

Invierno

La nieve cubría las copas de los árboles.
Mis ojos eran llamaradas en la infinita turbulencia del designio.
Un camino blanco sobrevolaba el cuerpo,
un espanto en los pasos abría los senderos,
la fugaz melancolía mezclada de futuro
escapándose de las manos.
Alguien quería ser el todo, la sorpresa,
el contorno de un sueño, urgente deslumbramiento
de un continente inexplorado.
El invierno era mi reposo, mi imposible reposo,
la añoranza de la lumbre con sus rincones oscuros
llenos de misterio.

Alguien quería llegar sin saber a dónde,
luz a luz, duelo a duelo, ofreciendo su todo a la nada.
Pero inminente, la paz fue hallada, sin voz, sin dueño,
desvelada en sí misma como nube cayendo hacia la niebla.
El amor tomó la dirección del cuerpo, herido y agotado,
para devolverle su rostro no nacido, el corazón real que late
más cerca que los audibles latidos. El corazón era la paz,
la noche serena curvándose de nieve, de pureza.

Muy cerca había un niño, en el fondo de la memoria
y del anhelo íntimo, jugando con la nieve, con la blancura luminosa
que como espejo le devolvía su inocencia.
El niño nuevamente saludaba al invierno, descansaba,
tomaba aire y descubría sonriente la belleza del paisaje reencontrado,
allí en la calidez de su hogar eterno, donde jugó
hasta caer dormido bajo la placidez del instante.

Ahora duerme, duerme de nuevo, el niño en su instante,
dejándose soñar, soñándose.

No muy lejos de él, tras la ventana, la nieve sigue cubriendo
las copas de los árboles.

Sombra evidente

Hay días que se tornan años, alargando las horas sin fin.
Con el paso del tiempo esos días se agrietan de cansancio
y traen espasmo al alma afligida. Es preciso no olvidar
que son pocos esos días, que la suerte a menudo sorprende
y que hay un resquicio de aire por donde pasar los segundos
antes que un lamento los reprenda. Qué afán tan ilusorio
el querer llegar a un punto y no ser más que una sombra evidente.
Mañana otra muerte nos golpeará en el pecho, una que
no es nuestra, pero que tajante advierte que existe la muerte.
Ya he olvidado mirar en el espejo a este hombre
que viene y va a cualquier parte, perdido de sí,
en un océano que gira con la Tierra y que se vuelca
sobre el universo, mojando apenas un vacío insondable.

De amor creado

Siempre has sido tú aquella verdad en mí,
latido de mis latidos, voz en la voz de todos los cantos.
El eco de tus señales susurró el comienzo de mis pasos,
ineludibles hacia ti, ineludibles a tu fulgor secreto,
fulgor de íntimos abismos y de noches arropadas
por el amor más inocente. Aparezco en cada huella tuya
como lo eterno nunca nacido, despejada verdad
de mi ser inextinguible cálido en tus adentros.
Lo cierto es que yo fui siempre tú, que nunca hubo dos
en esta danza de amor sin tiempo, en este juego de espejos
que jamás cesó de transparentar el hilo inmutable
que une nuestras almas, a veces aparentemente distanciadas.
Pero nunca hubo distancias entre lo mismo,
entre lo siempre siendo uno y todo
en la totalidad de la luz creada.
Por eso canto a tu amor
que es el mío. ¿Cómo no cantar
a la música que siempre acompaña?
Jamás fui sin ti, jamás fuimos distintos...
Te amo en la luz que me desvela,
te amo antes del principio,
en medio de lo eterno sin principio,
en medio de nosotros, donde ya no queda nada
que no sea nunca nosotros.

Otro infinito

Respiro oleajes y silencios puros, metafísicas

partículas plenas que brotaron un día de la nada,

respiro el sueño único de ser hombre, mortal

a la deriva, hombre pleno, solo y oceánico.

Respiro pétalos de pasado, ojos que un instante

lo fueron todo y que ahora lo siguen siendo todo

todavía, en la ausencia tuya que me renace.

Respiro, respiro. Y siento que poco a poco,

asediado por tanto aire fugitivo, yo me voy ahogando,

en un mar dulce de naufragios.

Misterio de la luz

Sobre una hoja de azul infinito

se balancea la niebla ensimismada.

Sobre un cuerpo de arcilla, seco

y luminoso.

La luz no se esconde

ni finge presencia cuando se pierde

y nos ciega. Cuando es oscura y no es,

cuando resuena como aroma inconstante en la verdad.

Krishna


Soy el ser que siempre ha sido, 
la luz del mundo, el silencio creador...
Soy el cielo amplio, sin fin, que todo lo contiene,
la gota y el océano, la voz y todos los cantos...
El origen, el destello de los comienzos, los astros infinitos
poblando el silencio, los espacios y los mundos del espíritu...
Soy el no-fin de los instantes, el principio incesante, la potencia
de los cuerpos amantes, de los cuerpos nacientes, de los cuerpos completos...
Incapaz de contenerme me expando hacia la nada y regreso al todo.
Nada me limita, el amor crece y vuela y sueña amaneceres, 
abrazos incontenibles, besos profundos, encuentros serenos...
He nacido en algún punto de lo eterno, sin antes ni después,
en medio de lo absoluto, como semilla de universos inexplorados.
Soy hijo del amor sagrado, de la luz compasiva que amanece las formas,
del sonido celeste que puebla de cantos bellísimos lo callado y lo posible.
Me expando como la rosa hacia la pureza,
me expando como los amantes hacia el abrazo,
me expando sin límites como los cielos hacia el milagro de la noche.
Y duermo, y despierto, y soy creador y silencio, sueño y realidad, todo y nada.
Soy Krishna, la luz del amor consciente.
Y vivo, y me amo, y te amo... eternamente.

Queda el amor


Queda el amor en el vacío,
queda el vacío eterno
del amor.
Queda la luz, el abrazo,
la comprensión, la cálida
y silenciosa comprensión
queda en el amor, en el vacío.
Quedas tú, queda el amor,
quedo yo, contigo, conmigo,
en la unidad constante,
en la sonrisa sin tiempo,
en la mirada tranquila.
Queda el amor, descansando,
reposando, viviendo,
vaciando y llenando de luz
el silencio, la serena llama,
la gozosa paz de nosotros.
Unidad, unidad del amor
que queda en el vacío,
en la nada eterna,
en el manto universal.
Queda la luz, quedas tú,
quedo yo, amantes sin nombre,
gotas de silencio, océanos
de eternidad.
Aquí descanso,
contigo,
conmigo,
en luz tranquila,
en dulce reposo
sin dos.
Te escucho, te siento
y guardo silencio.
Habla la voz, la música celeste
del corazón,
el alegre niño inocente
del amor.

Al fin


Al fin vi la transparencia,
el gesto exacto, la mirada primera.
Al fin toqué el tacto preciso de la luz.
Las estrellas eran dentro, el sol, los instantes...
Dentro de un vacío de noche eterna.
Al fin toqué la noche del amor, el misterio
que daba lugar al amanecer de mis ojos.
La cama estaba vacía, llena de inmensidades
sin forma, llena de prefijos y arcanos
de cuerpos inacabados susurrando un comienzo.
Al fin sentí tu tacto, tu caricia, tu vendaval infinito
de amor. Al fin sentí tu noche en mi día sin hacerse,
en mi hueco preparado para el milagro.
Y entraste, me amaneciste con un suspiro,
con un abrazo de océano y de cielo sin confines,
y el corazón se postró silencioso y la ausencia
se tornó privilegio de tu llegada, dicha regalada
para nadie. Y al fin, vacío de mí, pude contenerte...

Alma de amante


Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.
Miguel Hernández

Todo el dolor contenido fue forjando
el más bello amor. Inexplicable concebir la herida
como una luz que brilla enamorada, sanada,
entregada al resplandor de una verdad eterna.

Todo el amor interior, sentido, me fue hablando
de mí mismo, de las sombras que me acechaban
al mirarte, al suspirar la potestad de tus alturas.

Como un amanecer que canta en la noche de mis sentidos
-calurosos e incontenibles como el sol más potente, como
cascadas deseantes- la verdad del amor fue apareciendo, entre tanto,
calmada, aparcando su pasión del comienzo, entrelazando silencios.

Una vez morí por tu amor, tú que eres yo, espejo deseante.

Una vez no fui yo en el amor por ti… y morí de no amarte
viviendo en el deseo, en el amor ausente, en la herida
de un alma separada de sí misma.

Hoy te amo como me amo.
Hoy te amo como he amado mis luces y mis sombras.

De luz y sombra está hecha mi alma de amante.
De luz a la luz y de sombra a la sombra.
De noche al día buscando entre sueños el camino mágico del encuentro.
De oscura pasión que se mece en los abismos sagrados de la luz
está hecha mi alma de amante.

Amor sagrado (Tantra yoga)


Te entrego un silencio en el instante mágico 
una mirada que hable torrentes de amor
un océano en mi beso para bañar tu boca
y estremecer tu alma
Te entrego un corazón sereno
que acaricie el tuyo
y te ame con latidos infinitos
En la caricia y en el aroma el amor se dilata,
crece y se alarga entre instantes eternos
penetrando a lo sagrado
Mi cuerpo se funde con el tuyo
creando un solo cuerpo
jugando más allá del tiempo y de la mente 
mirando a lo divino en la verdad del ser entregado 
El olor de los bosques, de la piel, del viento 
y del incienso, de los ríos desbordantes...
todo es melodía de amantes, de eternidades...
Y nuestros cuerpos se rozan, se acarician 
en la meditación del tacto y del aroma,
en el tantra del corazón profundo 
que sabe que dos cuerpos mortales,
cuando se aman y vuelan,
son avatares y dioses

Nube de nadie


Fui y no soy
la voz que tocó tu mano
el labio que mordió un espacio de amor
el ritmo del deseo jugando a ser lanzado
a su abismo de sexo y locura
Fui lo que dejé de mí en amarte tanto
acaso todo un cuerpo y unos nombres
un traje y una vida de memorias y olvidos
de lunas fatigadas y pasos gastados de ruido
Fui lo que tuve, lo que he perdido
un cosmos de nosotros que ha volado
en su caos de incertidumbres pasajeras
Mareo y angustia fue el deseo
mas ahora la calma persevera
Ya no verte no tenerte no sentirte dentro
no me deja fuera del mundo ni de mí
sólo me hace más libre y más amante propio
No hay amor que no sea eterno en su exacto instante
de culminación ideal (la sombra perseguida la luz iluminante)
Ya no sé quién soy
ya no sé qué tengo o qué me queda
pero me tengo y me quedo
aquí o allí
en cualquier parte
Un proverbio
un oscuro jardín
quiso soñarte
pero me quedo y me tengo
en cualquier parte
Ahora la calle está vacía
me pisan sus pisadas de años pasados
la lluvia que huele en la retina
o en la nariz de imágenes
Yo ya me quedo en cualquier parte
pisando las pisadas que pisamos
de pasos flotantes sin huellas
heridos de figuras que sonríen mientras destellan
Son imágenes clavadas
apariciones en la noche
que despiertas la noche se lleva
en sus brazos de aire y bronce
Estatuas que recorren un espejo
un relieve en acción
que se amplía conforme sube
el sueño a sus colores
y la nada a sus tragedias de flores
Un espejo que viene
un hombre un hombre
que fue y ya no es
alguien
sino una nube
una nube
de nadie