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Un instante

Caminando en el ahora
amaneces, en un esplendor
sin tiempo.

Un instante de amor
brilla en la totalidad
de los instantes.

Sopla el viento...
el corazón recoge
un suspiro eterno.

Crepúsculo

El corazón contempla
paisajes del alma,
nubes serenas, canciones
del viento.

Llega el crepúsculo...
cerrando la luz sus párpados,
acariciando la noche al sol,
en su cita amante con la luna.

Parpadean estrellas lejanas,
misterios de luz, astros de amor
que resuenan... allá en lo hondo
de nosotros.

Descanso

Descanso en la infinitud de mí mismo.
No hay nadie ahora, ni yo tan siquiera.
La noche vela en el crepitar de una llama.
Pronto ha de llegar el sueño.
No hay nadie en la infinitud de este instante.
Todo sucede. Todo parece abrirse a lo sin nombre.
Todo calla y es perfecto.
Todo descansa, sin saber más nada,
en la infinitud de nadie.

Tarde

hemos llegado tarde sin saber a dónde
las horas pasan tan deprisa
que escapamos y corremos
sin llegar nunca a ningún sitio

porque no sabemos a qué lugar
queremos llegar pero corremos
a menudo algo cansados

encontramos la felicidad
y de pronto notamos
que algo de nosotros se va con ella

sentimos que el tiempo no nos espera
que el barco zarpó sin nosotros
que nosotros no estamos allí
¿pero dónde?

vivimos olvidados de nosotros

estuvimos en el paraíso
y ahora es un reflejo inalcanzable
un sueño imposible
que languidece

caminamos ansiosos entre el tumulto
de otros que también llegan tarde
el destino se nos escapa continuamente
no hay tiempo para el silencio

después de aquella claridad crepuscular
que llamamos juventud todo se detiene
y nosotros andamos hacia un lugar incierto

dejamos de dejarnos vivir

después de la juventud
buscamos lo que creemos que nos pertenece
pero sin saber a dónde ir para encontrarlo
y se hace tarde y vivimos y es cada vez más tarde

y aprendemos a conformarnos
porqu…

El sol del bodhisattva

El viento nace profundo desde el silencio del horizonte,
camina tu corazón los pasos de la vida y de la muerte
en un mismo segundo, en una misma eternidad,
en un solo latir fugaz e inconquistable.

Tu corazón es ese viento que palpita
y lo hace surgir todo
desde la nada.

Caminas lejos de las sombras,
como un soldado que no teme al mañana
ni al frío cautiverio de ser el dueño
de lo efímero.

Vives sin prisa en una guerra que no temes,
porque la materia del temor no te reconoce
y aplacas la ira de los injustos regalando
tu silencio.

Lo das todo a cambio de nada y por eso
te has ganado a ti mismo. Eres el Buda
de la entrega, del amor que no desespera

Ausencia

Pensar que hemos vivido
bajo el naufragio de los días,
derrotados por los sueños,
atentos a la espera, atentos a la nada.

Pensar que sólo fuimos ausencia,
infinitamente,
ausencia de nosotros mismos.

Sentir que las horas
se ahogan en el suspiro
de lo inmediato,
y que algunos rostros
son visiones agrestes,
caminando lentamente
hacia el olvido.

Esa es nuestra única fortuna,
el afán que ahora desvelamos,
y nos desvela.

Es inútil anhelar lo lejano.

La memoria sentencia ilusiones,
pero perviven sus sombras.

Vamos a la noche

Vamos a la noche sin miedo a su silencio
despacio por los horizontes desnudos
en siniestra celda de amor y presagio
Vamos a la noche no llegando
sin ninguna ofrenda ni lágrima enviada
a los cielos lejanos
Vamos donde no viene nadie
al último rincón de una sombra
ausente del dolor y de la muerte
Vamos al espacio detenido
dejando susurros de perfume
por nuestro amoroso camino

Nadie cantará tu paso triunfal
tu esplendor, tu serena certidumbre
Nadie menos tú sabrá que el final
es otro gran comienzo

Vamos a la noche
sin miedo a su silencio

Eidos

Te proyectas en mí cada noche, ahora,
siendo sólo el reflejo de quien eres,
en un lugar donde yo no estoy,
donde yo no puedo estar.

Te veo pero sin poder tocarte,
te respiro pero sin poder ahogarme
vivamente en ti. Te toco y desapareces.

Así te busco, vano intento.

Invierno

La nieve cubría las copas de los árboles.
Mis ojos eran llamaradas en la infinita turbulencia del designio.
Un camino blanco sobrevolaba el cuerpo,
un espanto en los pasos abría los senderos,
la fugaz melancolía mezclada de futuro
escapándose de las manos.
Alguien quería ser el todo, la sorpresa,
el contorno de un sueño, urgente deslumbramiento
de un continente inexplorado.
El invierno era mi reposo, mi imposible reposo,
la añoranza de la lumbre con sus rincones oscuros
llenos de misterio.

Alguien quería llegar sin saber a dónde,
luz a luz, duelo a duelo, ofreciendo su todo a la nada.
Pero inminente, la paz fue hallada, sin voz, sin dueño,
desvelada en sí misma como nube cayendo hacia la niebla.
El amor tomó la dirección del cuerpo, herido y agotado,
para devolverle su rostro no nacido, el corazón real que late
más cerca que los audibles latidos. El corazón era la paz,
la noche serena curvándose de nieve, de pureza.

Muy cerca había un niño, en el fondo de la memoria
y del anhelo íntimo, jugando con la nie…

Sombra evidente

Hay días que se tornan años, alargando las horas sin fin.
Con el paso del tiempo esos días se agrietan de cansancio
y traen espasmo al alma afligida. Es preciso no olvidar
que son pocos esos días, que la suerte a menudo sorprende
y que hay un resquicio de aire por donde pasar los segundos
antes que un lamento los reprenda. Qué afán tan ilusorio
el querer llegar a un punto y no ser más que una sombra evidente.
Mañana otra muerte nos golpeará en el pecho, una que
no es nuestra, pero que tajante advierte que existe la muerte.
Ya he olvidado mirar en el espejo a este hombre
que viene y va a cualquier parte, perdido de sí,
en un océano que gira con la Tierra y que se vuelca
sobre el universo, mojando apenas un vacío insondable.

De amor creado

Siempre has sido tú aquella verdad en mí, latido de mis latidos, voz en la voz de todos los cantos. El eco de tus señales susurró el comienzo de mis pasos, ineludibles hacia ti, ineludibles a tu fulgor secreto, fulgor de íntimos abismos y de noches arropadas por el amor más inocente. Aparezco en cada huella tuya como lo eterno nunca nacido, despejada verdad de mi ser inextinguible cálido en tus adentros. Lo cierto es que yo fui siempre tú, que nunca hubo dos en esta danza de amor sin tiempo, en este juego de espejos que jamás cesó de transparentar el hilo inmutable que une nuestras almas, a veces aparentemente distanciadas. Pero nunca hubo distancias entre lo mismo, entre lo siempre siendo uno y todo en la totalidad de la luz creada. Por eso canto a tu amor que es el mío. ¿Cómo no cantar a la música que siempre acompaña? Jamás fui sin ti, jamás fuimos distintos... Te amo en la luz que me desvela, te amo antes del principio, en medio de lo eterno sin principio, en medio de nosotros, donde ya no queda nad…

Otro infinito

Respiro oleajes y silencios puros, metafísicas partículas plenas que brotaron un día de la nada, respiro el sueño único de ser hombre, mortal a la deriva, hombre pleno, solo y oceánico. Respiro pétalos de pasado, ojos que un instante lo fueron todo y que ahora lo siguen siendo todo todavía, en la ausencia tuya que me renace. Respiro, respiro. Y siento que poco a poco, asediado por tanto aire fugitivo, yo me voy ahogando, en un mar dulce de naufragios.

Misterio de la luz

Sobre una hoja de azul infinito se balancea la niebla ensimismada. Sobre un cuerpo de arcilla, seco y luminoso. La luz no se esconde ni finge presencia cuando se pierde y nos ciega. Cuando es oscura y no es, cuando resuena como aroma inconstante en la verdad.

Krishna

Soy el ser que siempre ha sido,  la luz del mundo, el silencio creador... Soy el cielo amplio, sin fin, que todo lo contiene, la gota y el océano, la voz y todos los cantos... El origen, el destello de los comienzos, los astros infinitos poblando el silencio, los espacios y los mundos del espíritu... Soy el no-fin de los instantes, el principio incesante, la potencia de los cuerpos amantes, de los cuerpos nacientes, de los cuerpos completos... Incapaz de contenerme me expando hacia la nada y regreso al todo. Nada me limita, el amor crece y vuela y sueña amaneceres,  abrazos incontenibles, besos profundos, encuentros serenos... He nacido en algún punto de lo eterno, sin antes ni después, en medio de lo absoluto, como semilla de universos inexplorados. Soy hijo del amor sagrado, de la luz compasiva que amanece las formas, del sonido celeste que puebla de cantos bellísimos lo callado y lo posible. Me expando como la rosa hacia la pureza, me expando como los amantes hacia el abrazo, me expando sin límites…

Queda el amor

Queda el amor en el vacío,
queda el vacío eterno
del amor.
Queda la luz, el abrazo,
la comprensión, la cálida
y silenciosa comprensión
queda en el amor, en el vacío.
Quedas tú, queda el amor,
quedo yo, contigo, conmigo,
en la unidad constante,
en la sonrisa sin tiempo,
en la mirada tranquila.
Queda el amor, descansando,
reposando, viviendo,
vaciando y llenando de luz
el silencio, la serena llama,
la gozosa paz de nosotros.
Unidad, unidad del amor
que queda en el vacío,
en la nada eterna,
en el manto universal.
Queda la luz, quedas tú,
quedo yo, amantes sin nombre,
gotas de silencio, océanos
de eternidad.
Aquí descanso,
contigo,
conmigo,
en luz tranquila,
en dulce reposo
sin dos.
Te escucho, te siento
y guardo silencio.
Habla la voz, la música celeste
del corazón,
el alegre niño inocente
del amor.

Al fin

Al fin vi la transparencia, el gesto exacto, la mirada primera. Al fin toqué el tacto preciso de la luz. Las estrellas eran dentro, el sol, los instantes... Dentro de un vacío de noche eterna. Al fin toqué la noche del amor, el misterio que daba lugar al amanecer de mis ojos. La cama estaba vacía, llena de inmensidades sin forma, llena de prefijos y arcanos de cuerpos inacabados susurrando un comienzo. Al fin sentí tu tacto, tu caricia, tu vendaval infinito de amor. Al fin sentí tu noche en mi día sin hacerse, en mi hueco preparado para el milagro. Y entraste, me amaneciste con un suspiro, con un abrazo de océano y de cielo sin confines, y el corazón se postró silencioso y la ausencia se tornó privilegio de tu llegada, dicha regalada para nadie. Y al fin, vacío de mí, pude contenerte...

Alma de amante

Eres la medianoche: la sombra culminante donde culmina el sueño, donde el amor culmina. Miguel Hernández
Todo el dolor contenido fue forjando el más bello amor. Inexplicable concebir la herida como una luz que brilla enamorada, sanada, entregada al resplandor de una verdad eterna.
Todo el amor interior, sentido, me fue hablando de mí mismo, de las sombras que me acechaban al mirarte, al suspirar la potestad de tus alturas.
Como un amanecer que canta en la noche de mis sentidos -calurosos e incontenibles como el sol más potente, como cascadas deseantes- la verdad del amor fue apareciendo, entre tanto, calmada, aparcando su pasión del comienzo, entrelazando silencios.
Una vez morí por tu amor, tú que eres yo, espejo deseante.
Una vez no fui yo en el amor por ti… y morí de no amarte viviendo en el deseo, en el amor ausente, en la herida de un alma separada de sí misma.
Hoy te amo como me amo. Hoy te amo como he amado mis luces y mis sombras.
De luz y sombra está hecha mi alma de amante. De luz a la luz y de …

Amor sagrado (Tantra yoga)

Te entrego un silencio en el instante mágico  una mirada que hable torrentes de amor un océano en mi beso para bañar tu boca y estremecer tu alma Te entrego un corazón sereno que acaricie el tuyo y te ame con latidos infinitos En la caricia y en el aroma el amor se dilata, crece y se alarga entre instantes eternos penetrando a lo sagrado Mi cuerpo se funde con el tuyo creando un solo cuerpo jugando más allá del tiempo y de la mente  mirando a lo divino en la verdad del ser entregado  El olor de los bosques, de la piel, del viento  y del incienso, de los ríos desbordantes... todo es melodía de amantes, de eternidades... Y nuestros cuerpos se rozan, se acarician  en la meditación del tacto y del aroma, en el tantra del corazón profundo  que sabe que dos cuerpos mortales, cuando se aman y vuelan, son avatares y dioses

Nube de nadie

Silencios

En la quietud de los instantes
el silencio se desprende como hojas secas
mientras el viento las mece y acaricia.
El silencio susurra, como la voz del viento,
su misterio y su profundidad,
su espacio sin materia, su eco infinito…

Noble silencio

Presenciar este instante. Silencio. 
Un silencio de fondo lo penetra todo.
Las palabras resuenan
como un ligero manantial
y vuelven a su fuente,
a su origen innombrable,
allá donde la no-mente es soberana
en su silencio noble.

Palabra

No quema la palabra,sólo el sueño de luz que la esconde.

Canto de amor

Habla la voz que es clara en el deleite,
en lo amado como frontera y encuentro,
como luz no agotada del canto,
en fuerza y pasión de quimera
que avanza en la unidad prodigiosa
del turbador sentido.
Breve soy como el deseo ante el todo, acaso nada.
Me abrazo al instante desnudo
que traza el cuerpo del ahora,
el paisaje diverso
contenido en un punto insondable.
Me abrazo a la mágica presencia
que me hace certero y declara
que cualquier paso es el centro de su orbe.
Breve me abrazo, acaso siendo nada,
a la voz que canta
su frescor en lo unánime.

Aire

Caminas el silencio de las rosas
entre aromas que amanecen.
Amante del viento,
te estremeces
en éste su sonido fresco y constante.
Pálpito de la noche,
miras el ocaso
con el deleite renovado
de igualarte a la claridad
de sus estrellas.
Pálpito del día,
el alba reaparece a través tuyo
abrazando al sol
en fiel saludo de hallazgo.
Guardas el perfume
que acaricia el tiempo
en el ahora
y todo es la misma y múltiple
maravilla del sonido fragante:
el sabor, el tacto,
la luz y la conciencia
llenando lo que eres
de más ser rebosante.
Y ya todo te respira,
porque tú eres, eres el aire,
el aire siempre rebosante.

Te sueño

Te veo, te sueño, te tengo
secreta luz
cúpula de aire
oscilación constante
de mi eterna búsqueda

Todo lo tengo en ti
todo lo entrego a ti
todo lo soy de ti
luz del sueño y del centro
garganta de sal despierta
río ahogado de tormentas

Luz, luz que amanece
la luz de los paraísos mudos
del silencio y de la hoguera
llama en lo oscuro
iluminadora
centellando la visión
deshojando el primer viento
llama que parte
llamando a su otra parte:
la ceniza

Llamando al corazón, la luz
del umbral
la luz
de los umbrales

Amor al fondo de la luz

Una sílaba sin labios, un devenir
perdido entre señales de humo,
entre brotes de conciencia.

Un día, un día para vernos los dos
sin espejismos, sin la sombra-reflejo
de tantas inquietudes. Un día
que se fue tras el aire del instante.

Fuimos algo que alumbró detenido
un despertar acaso, una onda
naufragada de secretos latiendo.
Fuimos el sol y la palabra vencida,
la precipitación del aire y la insolación
de la esperanza. Quedamos en lo ido
como en un destino ajeno, como en aquello
que fue visto sin nosotros, en cualquier parte.

Quedó una memoria, en el corazón,
sonando, que todavía nos despierta
a medianoche, como a dos extraños
que no olvidan que siempre
se han amado.

Quedó una memoria,
en el corazón, sonando…

El margen de la luz es el aura de la nada.

A ti, que siempre eres

Somos dos cuerpos no hechos de tiempo
que se abrazan ajenos al pasar,
absortos en su mundo
de entregada devoción.

Mundo evidente, de ágiles susurros
y de ropajes tenues, desatados, sinceros,
donde beben nuestros cuerpos
el néctar de su gozo,
el circundante hábito de esconderse
y reencontrarse en juego amante,
en sigiloso ofrecimiento de amor.

Toma mi dicha, esperanza abierta
de los días, recorrido de la piel
y sol de estancia infinita, musgo
que cubre placeres, recónditos
huecos de deseo, querencias
múltiples de lo interno y venidero.

Toma mi dicha, esta exhalación de gozo.

En el amor, sólo en el amor,
te encuentro y te conozco.