En tu boca el infinito,
una palabra no dicha, cantada
como espejo de una sombra sin voz.
Silencio. Ausencia. Presencia leve
anudada a tus horizontes, lugar total
de las noches vigías, del arco constante
de tus ojos de mar. Mar poseído
brotando en tus manos de cielo,
en tu ritmo de astro sonoro.
Te busco, te hallo en la primera estación,
quedando lejos del amparo: embarcados,
entregados, enamorados... Y danzamos
como el paisaje contemplado por el sol,
como dos hojas que han de volarse al soplar
lo sonoro del viento, el aire, la enamorada sílaba de Dios.
Te amo y te busco, como un gesto o como un latido,
como un sueño interminable que despierta en el desierto
y duda y teme y reclama su anhelo a lo alto y al llover.
Al fin el agua tocó nuestros labios y apagó la sed
y la noche clareó desde tus ojos en medio del espacio
recorriendo tu mirada hacia el día,
como la luz, como el amor, como la tierra:
por siempre siguiendo al sol.
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