miércoles, 20 de octubre de 2010

jueves, 14 de octubre de 2010

Aire

Caminas el silencio de las rosas
entre aromas que amanecen.
Amante del viento,
te estremeces
en éste su sonido fresco y constante.
Pálpito de la noche,
miras el ocaso
con el deleite renovado
de igualarte a la claridad
de sus estrellas.
Pálpito del día,
el alba reaparece a través tuyo
abrazando al sol
en fiel saludo de hallazgo.
Guardas el perfume
que acaricia el tiempo
en el ahora
y todo es la misma y múltiple
maravilla del sonido fragante:
el sabor, el tacto,
la luz y la conciencia
llenando lo que eres
de más ser rebosante.
Y ya todo te respira,
porque tú eres, eres el aire,
el aire siempre rebosante.

Te sueño

Te veo, te sueño, te tengo
secreta luz
cúpula de aire
oscilación constante
de mi eterna búsqueda

Todo lo tengo en ti
todo lo entrego a ti
todo lo soy de ti
luz del sueño y del centro
garganta de sal despierta
río ahogado de tormentas

Luz, luz que amanece
la luz de los paraísos mudos
del silencio y de la hoguera
llama en lo oscuro
iluminadora
centellando la visión
deshojando el primer viento
llama que parte
llamando a su otra parte:
la ceniza

Llamando al corazón, la luz
del umbral
la luz
de los umbrales

Amor al fondo de la luz

Una sílaba sin labios, un devenir
perdido entre señales de humo,
entre brotes de conciencia.

Un día, un día para vernos los dos
sin espejismos, sin la sombra-reflejo
de tantas inquietudes. Un día
que se fue tras el aire del instante.

Fuimos algo que alumbró detenido
un despertar acaso, una onda
naufragada de secretos latiendo.
Fuimos el sol y la palabra vencida,
la precipitación del aire y la insolación
de la esperanza. Quedamos en lo ido
como en un destino ajeno, como en aquello
que fue visto sin nosotros, en cualquier parte.

Quedó una memoria, en el corazón,
sonando, que todavía nos despierta
a medianoche, como a dos extraños
que no olvidan que siempre
se han amado.

Quedó una memoria,
en el corazón, sonando…

El margen de la luz es el aura de la nada.

A ti, que siempre eres

Somos dos cuerpos no hechos de tiempo
que se abrazan ajenos al pasar,
absortos en su mundo
de entregada devoción.

Mundo evidente, de ágiles susurros
y de ropajes tenues, desatados, sinceros,
donde beben nuestros cuerpos
el néctar de su gozo,
el circundante hábito de esconderse
y reencontrarse en juego amante,
en sigiloso ofrecimiento de amor.

Toma mi dicha, esperanza abierta
de los días, recorrido de la piel
y sol de estancia infinita, musgo
que cubre placeres, recónditos
huecos de deseo, querencias
múltiples de lo interno y venidero.

Toma mi dicha, esta exhalación de gozo.

En el amor, sólo en el amor,
te encuentro y te conozco.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Amanecer de dos amantes

Te busco en el encuentro de tu mirada.
Recojo el instante tuyo
que se entrega a luz diversa,
haciéndose una y pura
la llama profunda que tu amor desvela.
Entre visitas furtivas
nuestro encuentro de amantes
regala tu voz al día,
saliendo de nosotros
para entrar en el yo-nuestro,
yendo hacia el sueño encumbrado
de dos labios que se funden
en la luz de la mañana.
Y entonces amanezco,
amanece, amanecemos,
acariciados por el aire
que mece nuestras almas.

lunes, 11 de octubre de 2010

Amada belleza de entonces

Creí volver a ti definitivamente 
y me encontré el camino cegado por el bosque. 
Antonio Colinas 

Y es que me agoto de soñarte idéntica a como eras,
la misma luz de entonces, el mismo pelo,
el mismo silencio alrededor de mis palabras.

Me agoto de pensarte todavía más bella, más perfecta,
tal vez sea esta nostalgia mía que dulcifica
el terrible pasar del tiempo. Yo no sé porqué lo hago.

Y enmudezco entre las sombras del pasado que exageran
el paisaje de ahora, con su callada intensidad
que habita en mi cuerpo solo.

Me agoto de iluminarte con un pensamiento apagado en ti,
luciérnaga de mis espacios, caprichosa belleza
que los dioses sembraron para su propio deleite.

Eras hermosa, eres todavía hermosa entre recuerdos,
casi más joven, como si el tiempo
hubiera resuelto entregarte,
secretamente,
eterna primavera.

Pero a menudo dejo de engañarme y comprendo
que estás muerta. Muerta para siempre en el tacto,
en el romper anhelante de los cuerpos, en el aroma,
muerta para siempre en el ahora. Muerta y perfecta
en mi memoria.

domingo, 10 de octubre de 2010

Bernini imagina el rostro de la belleza sagrada

El éxtasis de Santa Teresa


Música de Bach para el recuerdo.
La tragedia detenida.

Trepan por la memoria
instantes del pasado.

Tus ojos barrocos castigan mi silencio.
Te observo y me detengo, creyendo
de ese modo detener también el tiempo.
Tus ojos entornados castigan mi silencio.

Aquí, ahora, eres materia de mi sueño
y forma sin rostro para mi deseo.
Tu altitud erótica habita en mi letargo,
busca mis manos, arde en lo secreto.


La piedra ha encontrado unas manos
que la conviertan.
Una manos que revelen
su imagen real y oculta.

Esta música y mi memoria
moldearán tu apariencia inocua,
convertirán en belleza sagrada
lo que antes fue cuerpo difunto
y desolado de la naturaleza.

Me entrego a tu palabra, la piedra tendrá tu aliento,
tus ojos entornados acariciarán mi silencio.

Noche abismal

Noche de abismo. No dicen nada las palabras. Mi cuerpo se reclina en el silencio. Hay mar y tempestad en la esperanza, una furia de presente lleno. Pero todo se calma, se evapora, con la brisa azul del fondo del espacio. Las nubes son un eco, el aire una mujer enamorada susurrando sus encantos, el eco una mirada profunda que quiere ser memoria. El mar ofrece su ritmo a la noche, su estrépito de agua sonora, su abrazo al silencio, coronándolo de música. Y llueve, llueve dentro de alguien, llueve dentro de alguien un desamparo inédito. Alguien ha comprendido la vida, el dolor, la muerte... Por eso llora tan de dentro y prefiere oír el canto de la noche antes que ser él la voz de su propio llanto. La armonía está dispuesta, su cuerpo ha sido dejado sobre la arena como una cosa más, natural y quieta, movida por el aire entre un respirar de sol y fuego y noche. Del frío pasó al llanto cálido, del dolor a la comprensión amorosa de ser hombre, frágil y perdido, pero abierto y dispuesto a ser lo que ya es: un corazón sensible. Este cuerpo que veo, ahí reclinado, es el mío y el de nadie, mi alma está ahí y en otra parte, en todos los lugares, en todos los mares, en todos los seres y mundos y vacíos estelares.

Equilibrio sin fortuna

Tu sola luz es un querer llegar.

Pedro Salinas


Como un suspiro de luz me habitas con tus ojos,

derramando altares de ceniza, con tu lágrima callada,

como el pájaro eterno que entregó sus alas

de claridad ciega a la brisa nocturna.

Cuando no perdure el equilibrio y la muerte

enferme de esperanza y no sea salvación

la palabra ni memoria la travesía, entonces

abrigada de espinas avivarás sedientos paisajes,

desnudos y fríos, que no recuerden una noche

por la secreta mención de la mentira.

Nos salvará el deseo, solamente, el deseo,

el mar ardiendo entre las lágrimas,

cercana y suave melancolía, la imagen

degradada por un espasmo de silencio

en la conciencia, que retorne perpetuo,

inmensamente solo, inmensamente nada.


La fruta amarga del deseo

Esta noche te habla el silencio, tu soledad calma heridas,

brota la paz donde antes el dolor estaba.

Llega a tu vientre

un cálido abrirse y cerrarse, tus ojos averiguan el rumor de lo extraño,

ignoras a la incertidumbre, porque nada esperas, salvo quedarte.

Ahora ya lo sabes,

el sueño te alcanza, la ilusión sobrevuela por el cenit

de lo esperable. Eres un hombre que comprende,

el sufrimiento te ha convertido sin remedio

en alguien prudente.


Pero, ¿cuánto te ha costado?

¿cuántas horas de lágrimas vertidas agrietando tus mejores años?

Horas, lágrimas incontables que fueron derramándose

sobre un rostro joven.

Sí, tu rostro lo sabe, lleva la cuenta

de los golpes discretos que retumbaron la inocencia: aquello

que vive perfecto hasta que muere, en la súbita raíz prohibida

de lo inconfesable.

Amaste y creíste ver lo extraordinario,

amaste y moriste dulcemente creyendo ser testigo de una luz

más allá de lo divino.

Moriste y volviendo a abrazar una y otra vez

el cuerpo de la muerte, resucitaste. Como un muerto viviente,

apagado, melancólico y fugitivo.

Pasó una eternidad

de silencio incomprensible por tus huesos,

temblabas y callabas como un enterrado vivo

que quisiera quedarse dentro.


Destino

…y el naufragar me es dulce en este mar.
Giacomo Leopardi




Aquel que eligió el más transitado de los caminos,
comprendió después que siempre se regresa al encuentro
con la propia soledad.

Aquella soledad que le aferraba y de la que no podía desprenderse.
Pero esa soledad – él no lo sabía- la necesitaba, e incluso la deseaba.

Más tarde supo de lo desconocido,
abarcó –en su silencio- los enigmas de la existencia,
mientras callaba su cuerpo dolido
y ardía su alma en el placer de la certeza.

Fue al encuentro de lo invisible,
quiso hablar con las sombras futuras,
decidió recorrer la línea del viento
tras el suspiro ante un atardecer inmenso.
Y no halló más que palabras difuntas,
gestos hirientes, verdades atrapadas
en el candor de un instante desvanecido.

Pensó: ‘La realidad fue espejo y su cuerpo
apariencia extraña de lo visible.’

Después escribió, buscando al verso: ‘Su cuerpo, el reflejo de quien le observa,
es otro, ninguno, es todo o nadie.
Somos a los ojos del otro, una realidad distinta,
una ficción que nos proyecta en débiles quimeras,
en cenizas que aguardan al viento
y caen como materia esparcida sin destino alguno.’


Ahora esperas el comienzo. Tan tarde, tan cansado.

Poema de amor

Podría escribir los versos más tristes esta noche, escribir,
por ejemplo, que mi vida sin ti ya no tiene sentido,
que fue un sueño nuestro amor y nuestra existencia.

Podría escribir que tu mirada hablaba desde lo secreto,
que el deseo apenas soportaba la espera, que una caricia
fue el principio del fin: pasión creciendo hacia su cima.

Pero podría también no escribir, dejar que las huellas
se disiparan en el tiempo y que jamás se supiera lo terrible.

Podría no escribir que
vinieras y te fueras dulcemente,
desde el ocaso en que era plenitud tu presencia.

Podría no describir lo infinito de un beso en la madrugada,
tu suave tez recorriendo mi cuerpo anhelante, las horas
en que éramos ciega alianza en sagrada comunión.

Podría y no puedo describir ahora lo que se ha tornado
en tristeza de suspiros y en húmeda despedida.

Pudiera y no quiero desvelar la sombra de mis aspiraciones,
la exacta estela de tus brumas, las lágrimas prohibidas del adiós.

Pudiera pero no quiero hablar de ti. Amor.

Despertar

Los grillos me hacen despertar
y me recuerdan
lo silencioso que es el mundo.

Inútil belleza

Hazme luz de sinfonía,
eco de sonata triste
y de luna furtiva.

Hazme pasajero
de tu viaje oculto hacia la palabra
y no te escondas donde pueda verte,
me basta con sentir tu presencia.

Quiero sobrevivir sin apuros a la belleza
que tanto duele cuando se muestra absoluta: inalcanzable.

Quiero sobrevivir a la belleza
cuando la roce con mi humana piel
destinada a envejecer.

Quiero ser dueño del valor de existir entregado a todo, incluso a lo real.

Soñar despierto

SUEÑO el sueño de la vida, su luz interminable
agita lo más hondo, ciega el instante
que precede al ahora y un segundo
lo da por alcanzado.

Cada minuto que pasa es el tiempo que me falta,
inútil recuperar las señas,
los matices cotidianos:
la incertidumbre o la idea se van alejando
como un lento eco que se pierde en el aire.

En lo más hondo
tu cuerpo
fundiéndose
con el mío
y un sueño que lo recubre,
sueño de otro sueño que fue vida
o deseo.

Ilusión de luz aplacada que nombra mi memoria
en la soledad de la noche, que fiel
como las aguas de Heráclito, ya se aleja
y se pierde con las pasadas noches
que alguna vez moré y que ahora,
olvidadas en lo más hondo del presente,
habitan fugitivas el territorio recobrado
que ya no les pertenece.

Un día esa luz daba sentido y nombre al espacio,
nunca la claridad debió abrazar la noche,
como se abraza una jarra de vino
en la tristeza.

Memoria privada

I

He amado una voz incontestable. Bella voz que nació
de contemplar su espacio puro de emociones. Su voz.
Su misterio enredado entre palabras ardientes.

Sus emociones fueron las mías y el amor
originó la comprensión de su canto.

Ahora sólo hay melancolía. Y sé que
haberme dirigido, inocente, hacia el ocaso,
fue la perdición del mañana.

Llorar, llorar, tan sólo. Llorar la pérdida
que nunca sostuve. La pérdida siempre pérdida.

Te amé. Te amo. Te amaré.  Porque sentir
el vacío de las constelaciones hiere el corazón.

Continúa el desvelo. La querencia inútil
de tu ausencia origen.



II

Un poeta lírico, que vive de aquella musa
una vez mundo y luego herida incurable,
no debe disimular la raíz de su inspiración.

Esta raíz tiene un nombre y un apellido.

Sin ella, sin la musa, no hubiera llorado
aquel día de invierno, cuando escribí
el primer poema.

Luego pasaron los años. Y el poeta
aprendió a esconder sus emociones
para crear una belleza sin nombre,
que todos pudieran conocer.

Luego vino el estilo y la métrica,
y las lecturas de Neruda cerca del mar,
en Benidorm, donde un mundo nuevo
amanecía en las noches oceánicas, mientras
que por la tarde visitaba, con los amigos,
las máquinas de videojuegos.

Así fue mi vida pasando, ocultando
el dolor para intentar la felicidad
con las chicas terribles que conocía
en los bares del paseo marítimo.

Hubo dos estancias en mi vida de esos años,
la razón poética y la razón cotidiana. Entre
el tumulto y las prisas el recuerdo de aquel verso
que arruinaba mi vida de placer sublime.

Llegué una de esas noches al vómito. Al desamor.

Tanto silencio fui enredando con mi mirada
entre el ruido incomprensible y el fervor,
que nada pude sostener, ni siquiera la acostumbrada sonrisa,
el asentimiento ante lo desconocido de esas voces lejanas
y amigas, que preguntaban por mi estado.

No había amargura, ni llanto. Ni siquiera ruinas. Había sí,
el destello y su ausencia. El impulso y la obligación de contener
un grito de amor en el desasosiego, en la ebriedad, en la doliente transparencia.

III

Cuando uno se acostumbra a la estética. A un decir trasformado
por lo conveniente del arte, está, no obstante, maldiciendo la realidad.

La sinceridad puede ser más elevada que el artificio reformado
de las cosas bellas aprendidas. 

Por esta razón hablaré solamente con sinceridad del pasado, de mi pasado.

Todo empezó en el amor. En el amor inconsciente
por el aire que respiraba. Era el aire de la naturaleza,
allí donde pasé mucho tiempo de mi infancia. Las rosas
convivieron conmigo y aún no sabía de Ausonio,
ni tampoco de Garcilaso. Sin embargo pasé largos instantes
frente a ellas, sin ignorar el suave tacto
de las espinas implacables de su belleza.

Las rosas, de mi primer tiempo eterno, que aprendí a respirar
antes de que cayera la tarde, no sabían de mi naufragio futuro,
ni de mis remordimientos por haber dejado escapar aquel cuerpo bello
que observé en la terraza de un café de Venecia. Cuando aún era adolescente.

Dicen que la vida pasa y no nos damos cuenta. Dicen que vivimos
lejanos de nosotros. Con el mundo, que es de nadie y a todos pertenece.



IV (Continuidad)

Quisiera revivir los años pasados. Todo lo que anduve.
Pero tu voz, el reencuentro, la realidad… Cuántas cosas han cambiado.

Una noche de tormenta puede significar la memoria. Ahora,
donde sueño la ausencia y nada significa. Y tú no existes.
        Y la tormenta no calma.

Me mueve la necesidad solitaria de compartir lo alcanzado
para que no decline inexorable lo perdido.

Así nace el poema. Así sobrevive       la palabra.
       del naufragio

No llores, poeta, el final, el final llega sin más
y responde a tu súplica con otro llanto sin final.

Y tus lágrimas amanecen en la puerta de nadie que nunca se abre.

Potestad de la nada

Podría escribir los versos más tristes esta noche, escribir,
por ejemplo, que mi vida no tiene sentido, que no hay sueños ni amanecer.
Podría escribir que tengo miedo, que estar solo me llena de melancolía,
que sufro por los recuerdos que ya no son míos, que la nieve apaga como el dolor.
Pudiera decir y sin embargo digo que muero de silencio, que mi quedar,
como los astros, se vacía inmóvil hacia lo eterno
y me siento como un muerto que sólo habla con su sueño.
Puedo desvelar que a lo lejos hay almas que me miran,
y entre ellas y yo un océano de distancia, un interior.
Puedo escribir que los astros más tristes son los de mis ojos,
que las azules esperanzas han caído en el frío, haciendo tiritar
al alma que se desnuda enamorada hacia su abismo.
Puedo escribir la cifra última que nos diera un sentido,
pero la sangre de mis venas no cabalga. Posiblemente
sea un desahogo sentir que no siento. Aunque sufra por ello.

Poema de la noche oscura

Queda la noche solamente, la noche inmensa y abierta al infinito.
Queda el mundo apagándose, despertando su misterio parpadeante,
quedan las luces de nadie, lejos, misteriosas, increíbles.
Y yo debajo del mundo, mirando el espacio sin fin que nos convoca
a preguntas eternas sin respuesta. A poesía, sólo poesía…
ensoñaciones taciturnas del loco artesano de la materia caótica,
del suceso sin lógica ni causa, cuyo efecto sobrecoge y dispara frío interior,
dubitativa estancia en el hogar del sueño callado.
Me urge mirar adentro, tiemblo bajo las estrellas
del vasto océano que me envuelve,
y busco un aire de claridad, no certezas ni confusiones,
sólo claridad, para reconocerme en la noche oscura del no-ser.

Amor sin tiempo


Hoy dejamos descansar en el amor la memoria del tiempo,
fuimos libres como estrellas infinitas, iluminadas
por el clamor de la luna, enamorada y bella.
Fuimos instante sin tiempo completo de inocencia, 
perfecto de voz serena cantando melodías 
de pureza. El blanco cisne de tu alma mora
en el corazón de las noches cálidas, dulces aires recogen
las alas de tus silencios, ángel de vida profunda. Eres
la serena medianoche y los atardeceres misteriosos,
el leve perfume enamorando al aire, la blancura perfecta
de los astros. Eres el amor sin tiempo, el amor que siempre estuvo,
el amor que estremece de ser cierto y no termina de iluminar
el universo. El cielo y el sol deslumbran tus senderos
de noche cierta y de corazón abierto.
Te amo, noche secreta en que aparezco junto a ti, mirada eterna
en que crezco al sentirte nacer a cada instante sin tiempo.

sábado, 9 de octubre de 2010

Platón no nos quiere


Y el alma, al igual que el humo, se sumió en la tierra,
                                                        dejando oír sus gemidos.
Homero

La poesía es una luz que se enciende
constante en el alma del poeta,
cuando la oscuridad aproxima
necesaria visión de oscuridades.

Naciendo perpetua
la palabra no ilumina sino incendia
de enigmas y constelaciones
el otro lado del lenguaje:
aquello que no debiera tener nombre.

Profeta desafiante, lúdico palabrista
que conjuga en el verso sus revelaciones:
abandona tu república, o el poema,
y no des salida a tu alma engañosa.
Hazlo por el bien de todos los hombres.

Amor ilusorio

El no tenerte me posee.

En mis sueños te intuyo casi desde lo eterno,
como un fantasma, como una luz en lo oscuro.

Cuando vivo de día y el sol alumbra el camino:
andarte, alcanzarte, escarbar entre la destrucción…

Todo evoca que sigues estando. 

Con retomar la luz de tu sombra
podría volver a morir, esta vez no de estar contigo,
sino de la trágica ilusión que me hace negar
la verdad del olvido.

Memento

Cuando recuerde que te he amado, cuando
sangre mi cuerpo el dolor, cuando el amor venga,
amargo y sin nadie.

Cuando todos los ojos del interminable paraíso
retengan tu apariencia, cuando todas las miradas
sean espacios vacíos que solamente tú podrías llenar.

Cuando vuelva a latir el corazón, este lamento del silencio,
terminando la sangre de poblar paisajes
y tu imagen de morir...

Cuando todo eso suceda te pido, desesperadamente,
que ya no vuelvas a por mí.

Coches de juguete

Juraría que fue cuando yo tenía quince años,
las amapolas exhalaban su aroma perturbador
 y nosotros, como dos gotas de deseo, nos mirábamos,
sin comprender todavía el ruido que el amor desprende
de dos cuerpos entregados a la pasión, repletos
de violento y dulce ímpetu adolescente.

Tus cálidas mejillas amparaban mis labios
en la noche sagrada y erótica del rito
y los arcos vivos de tus senos alumbraban
impuestos ante mí:
como fieles simetrías del placer
en que yo era perdido.
Y fue colmándose de cantos
la noche ancestral de nuestra unión.

Y partimos de la adolescencia
como dos héroes sin destino,
apabullados de vida,
perdidos en ella
apasionadamente.

Ahora no soy más que la sombra
de ese adolescente,
el niño se pierde
en la memoria
triste y cotidiana
de los días.

Ojalá hubiera seguido jugando
con mis alegres y veloces
coches de juguete.

Ojalá la vida hubiese sido menos seria.
Herido me amparo en la noche perpetua
a un rostro perdido, manantial de felicidad,
que solloza hoy en su eterna putrefacción.

Con qué serena impavidez te recuerdo,
con qué amarga ebriedad intento olvidarte,
con qué horrible nocturnidad te persigo.

Y ya nunca amanece.

viernes, 8 de octubre de 2010

La vida que respiras

Vive con tu presencia el ser

que en todo se encuentra.

Respiras en la inmensidad del bosque
las ramas que acaricia el viento, la fragancia
de las hojas serenas, el verde latido
de los árboles
danzando en ráfagas verticales.

Respiras en ti lo que el cielo desenvuelve.

El azul infinito que vence los espacios,
la llama serena del sol que ilumina
esperanzas en la tarde.
El pájaro que canta donde nace la lágrima,
la calma del tiempo cuando ya es de noche.

Respiras en ti lo que el cielo desenvuelve.

El mundo apareciendo en la conciencia,
la flor desnudándose sencilla
bajo su claridad de primavera,
un gesto susurrando dulzura
sobre el vientre de la voz presentida.
El amor llenando lo que vive
con su aroma de más vida palpitante.

Respiras en ti lo que el cielo desenvuelve.

La vida, el mundo, es el hogar de todos los instantes.

Sonata de lo incierto

Los años pasaron entonces
lejos del recuerdo.

Sonríe en la fotografía
otro que no soy yo,
y me detengo absorto
contemplando aquel paisaje
ya abrasado por el tiempo.

Nada queda de esos días,
del mirar eterno hacia
el horizonte,
hallando caminos vírgenes
que mi mirada exploraba,
bajo el destello
de una inocencia enfurecida.

No reconoce su pasado
aquel hombre que fue niño,
aquel poeta callado que aprendió
a dialogar con las sombras
y a habitar los jardines difuntos
de su propia memoria.

Porque todo instante es la presencia
de lo definitivo, sé ahora cuantas conquistas
han de sumarse a lo perdido.

El niño que juega en las alamedas
no sabe que soy yo quien le escribe.

Aunque ahora me mira, me tiende su mano,
pero su rostro,
ya ha desaparecido.

Los días que te nombran

DESDE mi silencio contemplo las horas pasadas,
el arduo caminar de quien fue y de quien sintió
lo que ahora se torna en ausencia y calma de los días.

Se precipita hacia mí el reflejo de un mar soñado,
ya reseco en la plenitud de aquel que espera
y tiende su mano al aire indeciso de un anochecer sereno.

Son los días semblante lejano hacia otra sombra que me invoque.
Pues supe que el mañana es siempre del ayer, que no hallaré
otro cuerpo que tu sosegado contorno no complete.

Se proyecta tu extraño resurgir en aquella playa deshabitada,
donde reposo sumergido cada noche, como náufrago y
amante de esa otra música misteriosa que el océano
y la luna desatan,
en su inmensa y blanca oscuridad.

Imagen de piedra

(Poema de amor doliente)

… salí tras ti clamando, y eras ido.
San Juan de la Cruz


Quiso mi rostro ser piedra en tu memoria,
quiso el tiempo ser ceniza viva, mármol lejano,
convertirse en escorzo o tenue perfil de antaño,
como dos hojas nacidas del recuerdo,
cayendo en otoño, movidas por el viento,
posando en mis labios
su hondo suspiro eternizado.

Quiso esta palabra ser la última en este instante,
como la muerte, que danza sosegada,
sin conceder últimos retornos.

Recojo la suavidad de un ayer cristalizado,
el esplendor constante que emerge de la noche.

Recojo, en la inmensidad que me otorgaste,
una imagen de piedra para habitar
en la oscuridad que recorre mi cuerpo,
tímidamente, susurrando al silencio
aquellos lugares donde aún sangre la vida,
si pronuncio tu nombre.

jueves, 7 de octubre de 2010

Renacimiento

En la luz del mundo he visto tus claros ojos
y me he bañado en su verdad.
Ojos que a esta realidad envuelven
regalando su inmenso latir.
Vida, que de naciente frescura nos lleva
milagros entre flores, abrazos del viento.
Todo es signo y mensaje en esta tranquila noche
donde la luz usada renace con el día.
Signo del tiempo encendido, del clamor
de un silencio que habla la verdad con su misterio.
Vida, verdad, renacimiento.

Estrellas del paraíso

A mi padre

Vive la noche en mis ojos de luna despierta
recorriendo el misterio de lo inconcebible

Vive mi mundo en las estrellas del infinito
a través del sueño y el amor por lo eterno

Vivo en la profundidad de los océanos
atravesando la espesura del tiempo
en busca del esplendor de las luces

El sol calienta mis pupilas de nieve
y la luna enfría la llama de mi corazón

Día y noche, dentro y fuera de mí mismo,
avanzan y se ocultan calmando la herida
del sordo vacío de la existencia

Alguien canta a lo lejos pronunciando mi nombre:
¿es Dios, la muerte, la nada, soy yo mismo?

Alguien canta a lo lejos detrás de la luna
en algún lugar del infinito
donde los hombres no existen
y el tiempo y el espacio se expanden
hacia el frío incontenible

Vuela la razón por ese eco funesto
y oculta su miedo en la esperanza de que el sol
nunca se dé por vencido

Y nunca lo hará, porque está dentro de ti
y tú puedes invocarlo

Nunca lo hará, te lo juro,
porque no hay noche que venza
a la luz de la esperanza

Canta, canta a la luz
y verás el paraíso
más allá del espacio,
allí donde el corazón
vuela con el aire

Mente no nacida

Llegas al silencio, enmudeces, el canto callado de la meditación
se aproxima al eterno gozo del Nibbana. En ríos serenos y limpios
te embargas con la conciencia naciente y bondadosa, desapegada.

En ríos puros y sosegados tu mente se acuesta y descansa,
con la atención permanente, con el báculo vigilante del fluir calmo.

Te entregas al canto callado del No-Yo, la conciencia libre, vaciada.
Te entregas al sagrado Om, la sílaba del corazón del Buda.
Te entregas a otra voz que rige tu conciencia, la voz templada, serena.
Te entregas a ti mismo olvidando quién eres, naciendo en la respiración,
naciendo en los silencios del Dhamma.

Conoces el Noble Sendero, brilla en tu corazón.
Conoces el santo palpitar de la verdad en ti mismo.
Conoces el santo palpitar de la alegría en ti mismo.
Conoces el santo palpitar del Nibbana en ti mismo.

Gozas, caminas, eres... no siendo, no caminando, solamente
petrificado en el estar, imbuido en lo inmóvil,
atravesado por la Conciencia Serena,
por la senda desvelada del sagrado silencio de tu mente no nacida,
innata, original, tocada por la compasión y el amor, tocada por la Verdad.

Amor infinito

Espero oír tu voz el resto de mi vida,
quizá sea pedirte mucho
-que me acompañes hasta el final
y exploremos juntos la luz del mundo-
pero es todo cuanto busco.

Espero que me acompañes antes
y después del mundo,
cuando ya no quede nada aquí
y el destierro sea inevitable.

Espero sentir siempre tu presencia,
en los océanos o en el desierto,
en el corazón o en la quietud de la tristeza,
allá donde puedas recogerme
con tus abrazos de esperanza.

En cualquier región de mi destino
espero sentir la llamada de tu amor infinito.

Ser, sin más, en ti, en tu luz,
vida encontrada, búsqueda
amanecida.

Te busca la palabra

Reclama la paz del tiempo acariciar
con su amor lo abierto, llevando
deseosa claridad en ti, verbo latente.
Todo fuego se extingue en agua pura
que filtra pasión y la exime
con amorosa llaga de encuentro.
Filtras, purificas, amaneces…
con la luz clavada en el pecho
dulce lamento al cielo detenido.
Llegas al segundo sin forma
con la forma de lo alcanzado,
en pausa vívida, estentórea
señal del nacer sin nacimiento.
Tienes, posees, reclamas…
un hueco de luz para el mundo
que suene como lira callada flotando.
En tu silencio, la armonía
buscada, deseada en la forma sin fondo.
En tu palabra, el silencio
anhelado, seguido en el orbe imaginario
de tu devenir, espejo cóncavo de ti.
Murmullo, océano, rumor del viento
que estremece tus alas con el aire
y alza la materia al sin fin.
Te busca la palabra, el silencio
descifrado, la plena respuesta
del no decir.

Deseo del poeta

DEJAD que la música nazca en el silencio,
que los árboles se amen en el bosque oculto.
DEJAD que la vida sea el poema.

PORQUE la noche nos contempla,
y se hace oscura y profunda
al hallarla desnuda.

Es inmensa la palabra que no existe
porque en nosotros se revela el enigma
y el don de crearla.

Nace del deseo la palabra. Del mágico silencio.
Emerge del abismo la duda atesorada,
dormita en fuego helado, el don de la palabra.

El infinito

Se va la primavera,

quejas de pájaros, lágrimas

en los ojos de los peces.

Matsuo Bashô

Toma la huella, amada mía,

de mi infranqueable mundo,

síguela si lo deseas. Camina

hacia el ir extraño que comienzo,

si fuera ese tu deseo.

Yo recorro, mientras tanto, tu perfil

atento y conmovido, luz de ti en mí,

que te observo.

Casi un segundo y toda esa luz

ya permanece en mi eternidad

de amante náufrago. Casi un segundo

para que esta noche la soledad enfrente

el tiempo a tu imagen, que es deseo

sin espacio, belleza sola de los días

que ya no pasan.

Desde el comienzo estás en mí

y qué lejos de tenerte.

Eras manto en la noche fría,

ilusión para el despertar,

y qué lejos de tenerte

al hallarnos labio a labio.

Muere conmigo el recuerdo de ti,

y tú finalmente, al tocarte ya sin luz.

Mi mundo, solo y definitivo, no te pertenece

ahora que lo has franqueado. Es otro mundo

el que nace fuera de nosotros.

He de partir, amada mía, antes que el olvido.


Llegó la desolación, la mañana del tumulto

y la hora urgente que nos lleva

a donde no sabemos.

Luz, que alumbras las ruinas, no convoques

el terrible final, no permitas que arda la belleza,

no derribes senos y quimeras

y esperanzas.

No inaugures de la nada

otro infinito de verdades pasajeras.

Éxtasis de silencio

El amor fue un gesto, señal cómplice que daba comienzo a un suspiro sin tiempo. Fue un instante, una caricia del viento, una mirada en...